viernes, 12 de julio de 2013

Capítulo XX.- Historia de un maestro

-Carlos –me gritó Miguel justo cuando entré en el colegio a la mañana siguiente de haberle contado a Paula mi vida amorosa-, dile a los niños que el lunes de la semana que viene es la fecha que hemos elegido para realizar la reunión de padres de principio de curso, así que asegúrate de que avisen en casa.
-Vale, lo haré –le contesté emprendiendo mi camino.
-¿Te quedó claro lo que te dije ayer no? –me preguntó elevando la voz para que yo le pudiese escuchar ya desde una distancia considerable.
-Como el agua, don Miguel –le respondí con chulería y sin girarme mientras continuaba con mi trayecto.

Yo, como todos los profesores, antes de estar sentado de espaldas al encerado he estado sentado de frente. Cada uno tiene que ser coherente consigo mismo, con su pasado, con lo que ha sido. Uno no se puede olvidar de quién era cuando, en vez de sentarse en una silla acolchada y con una mesa enorme delante, se sentaba en un pupitre. Y yo creo que aquí, en este mundo de la educación, los docentes se están olvidando. Ahora parece que ellos nunca fueron alumnos, que ellos nunca hablaron con el compañero de al lado. Yo como alumno me pasaba más tiempo hablando que en silencio. ¿He salido mal? Es decir, ¿hablar en clase es sinónimo de ser un escombro social? Porque a los que hablan en clase poco más y se les trata así, como maleducados condenados al fracaso educativo. ¿Cuántos niños se han convertido en fracasos escolares simplemente porque se les ha tratado como tal antes incluso de serlo? Y luego llega el momento de criticar. Porque el profesor tiene que criticar por ley. Llega la madre del susodicho a hablar con el tutor y, aunque el niño siga perfectamente todas las clases y lleve un progreso adecuado del aprendizaje, el tutor siempre le dirá a la madre, destacándolo por encima de todo lo demás, que es un niño que habla muchísimo, que no para de hablar durante las clases, que no para quieto. Y claro, en casa, lógicamente, prevalece lo que dice el tutor. Al niño le cae una bronca criminal por hablar en clase, su buen aprendizaje pasa a un segundo plano, y el niño llega a un momento en el que se cansa y manda todo a tomar por el culo. Si luego no hay nadie ni en casa, ni en el colegio, que procure recuperar la autoestima de ese niño, entonces sí, se volverá uno de esos a los que llaman fracaso escolar. A lo mejor, no lo sé, éste es el caso de Pablo. El mal estudiante no nace, se hace.

Ojo, cuando digo esto no me olvido de que a veces hablas y molestas, de que hay momentos en los que tienes que estar callado, pero quizás, a lo mejor, si los profesores recordasen por un momento cómo eran y cómo pensaban cuando eran alumnos, cambiarían sus formas de dar las clases. Quizás, esos momentos en los que si hablas molestas, tengan que ser mínimos. Las lecciones tienen que ser más prácticas, menos hablar el profesor y más trabajar el alumno. Cuando el alumno trabaja puede hablar, y quien diga que no miente. Miente o no está capacitado para ser profesor. Queremos crear individuos que cooperen entre sí en la sociedad y luego durante cinco horas no les dejamos hablar con el compañero. Evidentemente todo este discurso lo meto en el apartado de educación primaria, donde todo tiene que ser más práctico que teórico, a mí lo que hagan más adelante, en secundaria y en la universidad, me la trae floja. Pero, aunque me quede lejos, no me olvido de cuando yo era alumno de educación primaria. Recuerdo un año, cuando yo iba en tercero de primaria, en la reunión de padres de ese curso, mi madre le preguntó a mi tutora que qué tal era yo. La profesora se echó las manos a la cabeza y comenzó a rajar de todo lo que hablaba yo en clase. Pues bien, señorita profesora, ese niño, con el cual te echaste las manos a la cabeza, hoy es profesor. 

2 comentarios:

  1. ¡Hombre! ¡No puede ser este el final!

    Ojalá sigas escribiendo sobre Carlos, hay un montón de cosas por saber cómo siguen.

    Veinte capítulos muy buenos, Antón, un gusto leerte.

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    1. La falta de lectores desembocó en la suspensión de la trama de Carlos. Quién sabe, quizás algún día vuelva. Lo que está claro es que comentarios como el tuyo hacen que Carlos esté más cerca de volver.

      Un placer tenerte por mi blog.

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