viernes, 13 de septiembre de 2013

Practicum.- Capítulo 1

11 de septiembre de 2013

Llegaste con tres años, en el 1995, y te fuiste con doce, en el 2004. Estuviste nueve años allí metido pero ahora, después de tanto tiempo, nueve años más tarde, casi no sabes ni por dónde tenías que entrar.

Los profesores entraban por la puerta pequeña, aquella que, caminando desde tu casa, está situada unos metros más adelante de la principal.

Pues tendrás que entrar por ahí. Por donde entran los profesores. Al fin y al cabo ahora tú eres uno de ellos.


Entras por la puerta y la gente se te queda mirando preguntándose quién eres. Y tú, que no conoces a ninguno de los docentes que están allí, ya que cuando tú eras alumno del centro ellos no estaban, te presentas como el nuevo profesor de prácticas. Sus caras cogen un gesto facial acogedor y con una sonrisa te reciben y te dan la bienvenida. Se te presentan y te dicen que pronto llegará el director para hablar contigo.

Esperando al susodicho aparece aquella profesora que te dio educación física cuando tú eras niño, durante unos tres o cuatro años, calculas. Se te queda mirando, pone una cara extraña pero, sin decirte nada, se sienta en un banco a escasos metros de ti comenzando una tertulia con uno de los maestros que estaban esperando a que diesen las nueve para comenzar el curso. Te dan conversación y acabas informando de que tú has estudiado en ese centro cuando eras pequeño. Ibas a decir que habías estudiado en él cuando eras niño pero caes en la cuenta de que tú, al lado de esa gente, aún lo sigues siendo. En ese momento la profesora de educación física, que estaba atenta a la copla, interviene en la conversación al son de “ya decía yo que me sonaba tu cara”. Comienzas una breve conversación intentando que ella recuerde realmente quién eres y a qué clase pertenecías, pero pronto llega el director y la charla se salda sin éxito.

Cuando tú abandonaste el centro, camino del instituto, él era el jefe de estudios. Tú le tenías como una persona seria, distante, con poder. Y seguramente así fuese, o al menos a ti así te lo parecía. Pero ahora, nueve años después, te recibe de una forma amable preguntándote directamente con una sonrisa si tú eres Antón. Asientes, le das la mano devolviéndole la sonrisa, y pasas con él a una sala en la que entra, a los pocos minutos uniéndose a la reunión, la hoy sí jefa de estudios.

Tú jamás has estado en esa sala. Te encuentras en el edificio en el que se hallan la dirección, la sala de profesores, secretaría, jefatura de estudios,… Un edificio que tú, como estudiante, prácticamente ni pisaste.

Te dicen que habían pensado en meterte en un segundo curso con Rosa pero que, si tú quieres, se te puede meter en un curso de edad más avanzada. Tú dices que no, que te vale ese segundo, y dices que no porque sabes quién es Rosa. Rosa fue tu profesora. De hecho fue tu primera profesora. Sí, en 1995 tu primera andadura en un centro escolar comenzó con Rosa. Tú tenías tres años pero tienes más recuerdos de ella que de algún profesor que te ha impartido clase algunos años más tarde. Dieciocho años después vuelves a estar en la misma clase que Rosa. Rosa fue tu primera profesora y se convertirá ahora en tu primera tutora de prácticas. Tú toda esta historia la sabes, pero ella no. Ella simplemente espera a un alumno de prácticas igual que el que tuvo el año pasado.

Son las diez y los niños ya llevan una hora en las aulas cuando el director te dice que te va a llevar a la clase que te corresponde. Cruzas el patio cubierto, el cual separa el edificio donde se encuentran todas las clases de educación primaria del edificio en el que tú estabas, y entras casi una década después en aquel sitio que te acogió durante tantos años. Tú lo ves igual. Quizás lo hayan pintado, dudas. Al llegar al pasillo giras a la izquierda y recuerdas que tú, en el primer ciclo de primaria, estabas ubicado en el último aula que ves a tu mano izquierda. Caminas hacia ella detrás del director pero éste, que te va hablando de ciertos cambios que se hicieron en el centro a nivel organizativo en tu ausencia, se detiene en el aula que precede a la que tú frecuentaste durante dos años. Peta en la puerta, la abre, y ves a Rosa sentada delante de veinticinco niños. El director, que ya sabe que ella fue tu profesora cuando tenías tres años, le presenta a Rosa el nuevo profesor de prácticas, precisamente diciéndole que fue su alumno cuando él tenía tres años. Te dice que sí, que cuando te vio entrar por la puerta ya sabía que de algo te conocía y le das dos besos. El director se va deseándote suerte mientras tú comienzas a hablar con Rosa.

Cinco minutos son suficientes para que se dé cuenta de quién eres, quiénes eran tus amigos incluso por nombres y apellidos, y cuáles eran tus aficiones. Te comienza a preguntar por la vida de compañeros tuyos de los cuales tú ya casi te habías olvidado y eso que habías compartido con ellos varios años y, sabiendo que vosotros solo fuisteis unos niños de tantos, empiezas a alucinar con su memoria y comienzas a pensar que, si dejó infantil para meterse en primaria, quizás fue por tu generación, que fue tan sumamente cafre que la marcó tanto como para acordarse de todos los niños y de, a su vez, empezar a pensar que era mejor coger niños más mayores.

Te presentas a los alumnos, esta vez en castellano y no en italiano como la última vez, y Rosa coge de nuevo el protagonismo. Los niños tienen que copiar el horario escrito en el encerado y, algo que parece sumamente sencillo, lleva toda la mañana. Ves el primer claro caso de niña consentida que aspira a fracaso escolar, que te llama para que le ayudes a copiar el horario alegando que es mucha cantidad lo que tiene que escribir, y tú te niegas a ofrecer esa ayuda respondiendo que si el resto de niños lo hacen ella también puede porque no es menos ni peor que ninguno. Tarda una eternidad en hacerlo sí, pero el horario lo copia.

En el recreo te vas a la sala de profesores y hablas un poco con el resto de los docentes pero, sobretodo, con las otras profesoras de prácticas.

Pronto suena la música, que determina la vuelta a la actividad lectiva, y te colocas delante de la fila que están montando los niños de tu curso para entrar en el aula. Allí, delante de la hilera, una profesora bastante joven se te acerca y te dice lo poco que has cambiado y tú, sin saber quién es, aunque te suena su cara, le sigues el royo asintiendo a lo que dice y comentándole que los años pasan para todos.

De camino a clase Rosa, que te ha visto conversar con esta maestra, te pregunta si también te dio clase Arancha, y tú, ahí, caes en quién es y le dices que sí, que te dio música y educación física en primero o en segundo de primaria, por lo que empiezas a pensar que, si ahora la has visto joven, cuando te dio clase a ti hace unos catorce años tenía que ser jovencísima.

La mañana continúa con los niños asistiendo a clase de inglés. Clase a la que tú también vas, invitado por la misma profesora, y ves un funcionamiento totalmente diferente al que tú recuerdas como alumno de esa materia. Los niños juegan utilizando la Smart Board, o pizarra interactiva, a juegos lúdicos y didácticos. Algo completamente contrario a lo que tú recuerdas como alumno. Sales realmente contento de esa clase, vuelves al aula, y pronto termina la mañana.

Los niños salen en fila del aula y se colocan de forma ordenada en el patio cubierto esperando a ser recogidos por sus padres o por la persona encargada en hacerlo, la cual avisa a la tutora de que se lleva al hijo. Esta es una forma de salir del colegio nueva para ti, que cuando tú eras niño no existía. Cuando tú eras niño salías como un niño de clase, corriendo y sin mirar atrás.

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