jueves, 4 de diciembre de 2014

Londres I.- Yo, mi, me, sinCheng.

"Recopilar, recopilar, recopilar. Ése es el objetivo". Así empezaba la primera entrada de este blog tras ser creado al irme de Erasmus a Perugia, hace ya algo más de dos años, y tras decidir que iba a escribir las cosas que me fuesen sucediendo a lo largo de aquel periodo.


Esto no es Perugia, esto no es un Erasmus, pero esto es Londres. Si estando en Perugia contaba cosas, podéis estar tranquilos que aquí también las voy a contar.

Quizás no esté Cheng, quizás no estén las vecinas de enfrente, quizás no estén Meredith ni Amanda Knox, quizás no esté el Doctor, y quizás no estén ninguna de todas esas cosas que aquí conté y que tanto juego me dieron o que, en su defecto, tanto juego les supe sacar.

Cuando empecé a escribir aquel Patos a la bolognesa no sabía qué es lo que iba a ser capaz de contar en este blog y al final no quedó tan mal, así que calma, que material vamos a tener.

Después de esta breve introducción, la cual no cuenta el porqué de que exista Londres I, empezamos.


Hace una semana y dos días que he llegado. Mi casera y yo habíamos ideado un maravilloso e infalible plan para encontrarnos en la estación de East India, la estación más próxima a mi casa, para que ella pudiera recogerme y llevarme al que sería, y es a día de hoy, el lugar donde vivo.

No me hicieron falta ni cinco minutos para darme cuenta de que de infalible el plan tenía poco. Nada más bajarme del avión, y tras encender el móvil, decidí mandarle un mensaje a mi casera para comunicarle que ya había llegado y que le mandaría otro mensaje cuando estuviese por la mitad del trayecto, que era realmente en lo que habíamos quedado.

Fracaso absoluto. Mi móvil no mandaba mensajes. Al principio pensé que sería cuestión de tiempo, que el móvil se adaptaría a la cobertura inglesa, la cual recibía porque así el móvil lo indicaba, y que comenzaría a funcionar con total normalidad tras dicha adaptación. Pero no, no hubo adaptación pese a que intenté en cada una de las estaciones en las que hacía trasbordo mandarle otro mensaje a mi casera comunicándole mi posición. Poco a poco me iba acercando a East India, donde me tenía que bajar y donde me iba a ver en la calle con dos maletas sin saber a donde ir.

Obviamente acabé llegando a East India, algo que nunca llegó a hacer el mensaje que había mandado desde el aeropuerto, y tras comprobar que mi móvil tampoco realizaba llamadas, me decidí a parar a un viandante que pasaba por allí, muy bien vestido él, y a explicarle mi situación con el fin de conseguir llamar por teléfono, fin que aceptó sin ningún problema y que desencadenó en la resolución del asunto.

Una francesa, una italiana, una española y dos polacos son las personas que comparten casa conmigo.

La italiana, una artista que estudia algo así como Bellas Artes, parece relativamente normal. Mi más o menos conocimiento del italiano me ha proporcionado la posibilidad de entablar alguna que otra conversación con ella y de ahí es de donde saco que, para estar estudiando Bellas Artes, es bastante normal. Normalidad que podría ser utilizada para adjetivar también a la francesa, ya que aunque se le marchó el novio que estaba aquí visitándola cuando yo llegué y ello provocase un estado de tristeza interior en su persona, su comportamiento nos permite de todos modos catalogarla como normal.

Lo curioso llega con los polacos. Dos hermanos de unos veinticinco años, más o menos, y de los cuales uno no sale jamás de su habitación más que para ir al baño. Uno de ellos se defiende bastante bien en inglés, logrando con bastante éxito explicar qué es lo que quiere decir en cada momento, aunque estos momentos no sean muy abundantes, y el otro directamente no habla nada. Suerte tienes si logras cruzarte con él por la casa, y más suerte aún si cuando te lo cruzas te dice "hi".
El polaco que tiene cierta habilidad para hablar inglés debe ser el hermano aventurero, el que se atreve a salir de la habitación a veces para pisar la cocina y cocinar, no sólo su comida sino también la de su hermano, para posteriormente regresar a su cuarto con dos platos. Uno para él y otro para su hermano, deduzco.
Este procedimiento se repite a diario durante las tres comidas.

De la española no voy a hablar porque, debido a la afinidad existente entre su idioma y el mío, puede ser que lea esto y queda feo. Por si acaso lo lee vamos a meterla en el grupo de la normalidad.

Y sí, lo sé, no está Cheng, pero tengo que agradecerle tantas entradas escritas en el apartado de Perugia que Cheng, de verdad, esto y todo lo que está por escribirse va por ti.

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